sábado, 28 de marzo de 2015

Camilo hermoso, 2 años y medio

Hoy fue un día especial.

Te pusiste solito los calzones, el pantalón, la playera, un calcetín y un tenis.

Dominaste el frenado con el pie en la rueda trasera del patín del diablo.

Escalaste una cajonera y dijiste que querías ir a un parque a hacer el chango.

Vimos una obra de teatro que se llama Jugar y la viste toda muy concentrado, atento, intenso, a ratos tuviste miedo del ruido y las acciones pero en general disfrutaste y reíste, la obra era compleja, sin diálogos ni nada masticado "como para niños" aunque es para niños, pero los que la hicieron saben que los niños no son tarados, en fin. Fue tu primer experiencia consciente en el teatro y te gustó.

Hace varias semanas que avisas para hacer chis y traes calzones en la calle y todo el día. Usas pañal para dormir y en ese mismo, muchas veces, caca matutina.

Hablas muchísimo y también eres muy físico y alegre.

También te enojas fácil y gritas si no te entiendo lo que dices o si lo que estás haciendo no te sale como quieres o imaginas.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Vivo intensa angustia al separarme de mi hijo. La sociedad me dice "necesitas desapegarte de él, él necesita socializar" ¿los demás saben más sobre las necesidades de nosotros?

La angustia de la separación
Carlos González

La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre...
¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una obscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas. Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, o la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.
A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos... Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.
Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro. La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como esta... hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí. Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.
Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto. Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.
Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

************La reacción a la separación
Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto. La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas... La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre. Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.
Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche. Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto). La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos prepativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso...
La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:
1.- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.

2.- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.
Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”). El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar. El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando. Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).
Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”...
Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.
Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos. Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que substituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él... si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.
Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo. Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació. Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar...
Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendra a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos. Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.
Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar... Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.
Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.
¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor. Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia? Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear... sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.
A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

*********** Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que substituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato). ¿Qué características debería cumplir esa persona?
1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida... Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole... y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?
2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.
Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.
Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas... Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.
No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas. Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.
Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.
3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente buscando un empleo de verano.
4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé. Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”). Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?
La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

******* Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real.
En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.
El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?
Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales... todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).
Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (qué es más importante, ¿que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.
Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre... Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada dia una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

************* Cómo recuperar lo perdido

Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.
Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta. Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura. Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él... ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

Bibliografía:Bowlby J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990 (no sé si existe traducción)
Small MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000
Jackson D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Bloombsbury Publishing, London, 1999 (existe traducción en Mexico, creo, “tres en la cama”, a ver si localizáis la cita)

viernes, 18 de julio de 2014

Tomo prestado este texto de internet, me lo mando mi amiga Marina, con quien comparto la misma etapa de maternidad con ganas de estar mucho con nuestros hijos, lo más que se pueda.


¿Cómo desarma el puerperio?
Después de centenares de días mojando la ropa con leche y amaneciendo transpirada y pegoteada junto al pequeño, las mujeres puérperas nos animamos a mirarnos al espejo antes de la ducha, y descubrimos quienes somos ahora. Y ahi estamos, casi desconocidas, otro cuerpo, otra mente, otro estar en el mundo.
No solo el cuerpo cambió, ya no estamos en pose, todo terminó siendo inevitablemente genuino, tanto que descuidamos (por suerte) todos nuestros roles sociales, y casi que no da vergüenza estar blancas, peludas y manchadas. Un día de esos que ya no nos peleamos con el puerperio, un día de esos que ya estamos acostumbradas a dormir poco y llevar quince quilos a upa, empezamos a sentir ganas de hacer cosas “nuevas”. A veces aparecen todas las ganas de golpe: volver a salir sola, hacer el amor, ir a la peluquería, estudiar una nueva carrera, mirar películas hasta la madrugada, hacer gimnasia, irnos de vacaciones…pero no sabemos cómo, tanto nos costó sentirnos cómodas a dentro de casa y aprender a ser madres, que ahora ya no podemos hacer otra cosa. Queremos, pero hay miedo, miedo al cambio, miedo a que lo que gustaba ya no guste, miedo a la culpa, miedo al miedo. Miedo porque de nuevo hay que empezar de un cero.
Nos damos cuenta que ser madres nos cambió los deseos y las necesidades, tenemos nuevos intereses y nos debemos el tiempo y el valor de animarnos a transitarlos. Y de pronto gerentas de bancos quieren ser doulas, abogadas exitosas se encuentran estudiando fotografía, militantes políticas desean pasarse horas en mercados de comida naturista… porque nuestros hijos quitaron capas superficiales de nosotras mismas, y nos conectaron con lugares mas auténticos, y menos heredados. Nos desabrigamos de mandatos. Es un salto al vacío, como parir, solo hay que animarse y dejarse llevar.
Ahora es mas cómodo salir al mundo con el crio, porque tiene sus beneficios ser una portadora y no estar en primer plano. Pero tenemos esa chispita de deseo que se prende para recuperar espacios personales, que son re significados gracias al proceso del maternaje. ESTE cuerpo nuevo es digno de un nuevo cuidado y respeto, quiere volver a ser mirado, deseado y protegido. Animémosnos a la mirada ajena y a la propia. Animémosnos a los barcitos, a los paseos nocturnos, a la ropa nueva. Animémosnos a llevar carteras pequeñitas, a los recitales, a las clases de baile y de yoga. Pero sobretodo animémonos a preguntarnos qué queremos hacer ahora, qué queremos conservar de aquellas antigua identidad y qué queremos depurar. Hay mucho por limpiar en nosotras mismas, y a su vez hay muchos abuelos, tíos y niñeras dispuestos a amar, jugar, y crear espacios nuevos para nuestros pequeños caminantes. Cada familia a su ritmo encuentra sus espacios y sus silencios, tan sagrados.
Las mujeres que espontáneamente regresan a sus espacios laborales e individuales luego de ser madres se encuentran escindidas, dividas, desconcertadas. Lo que antes les daba seguridad ahora se transforma en una espera para volver a casa, y la casa en una espera para volverse a escapar. Ya no hay lugar de satisfacción o disfrute. Estas mujeres, tienen una enorme posibilidad de cambio, y de autosinceramiento. A veces el trabajo fuera de casa se puede flexibilizar porque ni siquiera los beneficios económicos son tales en función de los nuevos gastos. Cuando es así, que las madres podemos trabajar menos pero a la vez le tememos a la idea de estar en casa, debemos respetarnos las necesidades y encontrar espacios propios prioritarios, que puedan incluir a nuestros bebés pero que nos den sostén y autovaloración. Como encontrarnos con amigas, hacer deporte, o bailar.
Cuando nuestro hijo tiene dos o tres años (a veces antes, a veces después) queremos salir al mundo, saltar al vacío, hacer un cambio. Pero si los primeros meses o años no pudimos estar en casa el tiempo que hubiésemos querido, ni amamantar lo que hubiésemos deseado, ni tener a upa a nuestros bebés lo que ellos precisaban, tal vez tener un hijo de dos años sea el momento justo para volverse a replegar y retomar el nido. La revolución de ser madres y mujeres, en estos casos, es volver a meternos en la cama con los niños pequeños, y recuperar el tiempo. Bañarnos juntos, hacernos masajes, planear salidas, y así nutrirnos mutuamente del puerperio “tardío” pero tan bienvenido.
Una cosa genera su opuesto, el invierno pone la semilla del verano, y el día permite la noche. El transcurso y la profundización del puerperio es el primer paso de la libertad de las mujeres y del principio de la maduración y la individualización. El despegue prematuro, también cocinará el momento apropiado para dejar todo viaje y volver al hogar. DE esto se trata.”
Violeta Vázquez

lunes, 7 de julio de 2014

Ana

Mitad de junio me sacudió con una de las peores noticas que he recibido: mi amiga, comadre y compañera se murió, de repente, arrancada para siempre de entre nosotros... "episodios cardiacos" dijo torpemente mi hermanito, quien asumió estoico la encomienda de avisarme y no sé a cuantos más.
¡Se murió!
¿Se murió?
Pero no puede ser, no es cierto, no, no, no... ¿por qué ella? ¿por qué tan pronto? ¿y Emiliano? No es posible, no quiero que sea cierto, no más Ana, nunca más su risa profunda y abierta, nunca más sus ojos azules, su alegría, su gozadera.
Ha pasado casi un mes y sigo con un hueco muy grande.
Te extraño hermana, te pienso mucho. Y hago recuento de los momentos que vivimos y son hermosos siempre y reímos mucho y cocinamos y comemos y bebemos y bailamos y fumamos y caminamos y jugamos dominó y juegos de mesa y reímos y me enseñas la mejor y única manera efectiva para quitar el hipo. También tenemos largas conversaciones sobre tantas cosas, del chisme cómplice al sesudo análisis.
Mi comadrita entusiasta, brillante, entregada, feliz ¿por qué manita? ¿por qué?
Tu muerte tan de pronto, tan injusta, me impuso a recordar que no tenemos mañana, que quiero vivir sin arrepentirme, sin tanto enojo. No quiero morirme o que se muera más gente que amo pero como eso no está en mis manos hago lo que sí está: amar desenfrenadamente, no postergar, no decir tanto que no, disfrutar a mi Camilo, aceptar su ritmo, aprender siempre, amar lo que se deje, reír, ser paciente, respirar, ver a quienes amo o al menos estar en contacto, hacer cosas por los demás, estar dispuesta, abierta, plena.
Nosotras nos quedamos con pendientes: nos faltó vernos recientemente, nos prometimos pero no lo hicimos. Nos faltó ir a la feria, a los juegos fuertes juntas (hace unas semanas fui y cada vuelta a esos columpios de infancia, con los pies descalzos y casi volando, con risa y llanto te nombraba compañera, este vuelo lo hago contigo pero sin ti querida, este vuelo va por ti bonita).
Se me hace un nudo y debo decir que también estoy enojada, emberrinchada, atolondrada ¿por qué carajos te mueres con una chingada? ¡¿por qué?!
Madrina de Cri-Cri de Camilo, gracias por ese legado, me encargaré de transmitirlo y cantar como lo hubieras hecho tú con él "Cheeeee araña, baila con maña"
Te quiero siempre Ana de mi corazón.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Ser mamá

Soy mamá.
Ha resultado la experiencia más rica y abrumadora de mi vida.
Me encanta, me colma, me rebasa, me agota.

Tengo un hijo hermoso que se llama Camilo. Huele delicioso, su piel es tan suave y su sonrisa es maravillosa.

Veo blogs de mamás y me pregunto qué mamá soy yo, qué tipo de mamá ¿seré una que haga muchas actividades manuales? Se me antoja que sí pero no veo que yo haga eso realmente en mi vida, siempre lo deseo pero no encuentro tiempo ni paciencia para hacerlo. Sobre todo tiempo, siento que nunca me alcanza, nunca...

¿Haré las piñatas de las fiestas de Camilo o voy a comprarlas?
¿Hornearé pasteles y cosas deliciosas?
¿Seré paciente?
¿Realmente evitaré que vea la tele?

Lo que sí sé con certeza es que vamos a leer muchos libros que tenemos, que he ido coleccionando por años, antes de él y no para él pero ahora son para él.

Otra cosa sé con certeza: que lo amo como nunca pensé que se podía amar. Y que con su llegada mi vida ha dado una vuelta impresionante y quiero estar bien y feliz con él y por él y para él y quienes nos rodean.

A veces estoy cansada y abrumada y triste y agobiada pero se me quita, tengo mucho apoyo y soy afortunada por ello y agradezco y respiro y acepto y gozo.

viernes, 6 de julio de 2012

Tengo un hijito creciendo dentro de mi. Siento cómo se mueve, es increíble, es como un alien en mi panza, pero bonito, precioso, chiquito, calientito... Lo quiero mucho ya.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El temblor derrumbó mi casa por dentro

Estuvo tan fuerte que pensé que el edificio se caería, no podíamos estar de pie, nos pusimos a cuatro patas, las perritas debajo de nosotras, de mi amiga Paty y de mi, lloré de pensar que podía morirme, con mi hijita/o haciéndose apenas, en su nidito... ¿Qué habrá sentido?
Por suerte no se cayó la casa, solo las cosas de la casa. Ahora todo está en el piso, roto, descompuesto, caído. Mucho que levantar pero la vida palpitando y bien.

martes, 6 de diciembre de 2011

Meditación de un minuto

Me mandó mi mamá este video, me pareció genial y me ha funcionado hacerlo. A ver qué opinan.
oooooooommmmmmmmmmmmm

jueves, 1 de diciembre de 2011

Adopta, no compres. Ni perros ni arbolitos



Hay una iniciativa llamada Verde Navidad que promueve la adopción de un árbol de navidad vivo, en su maceta, que después de pasar tiempo de festividades en nuestras casas es devuelto para que sea sembrado en la tierra y no muera, como los dos millones de arbolitos cortados que se consumen tan sólo en la ciudad de México.
Me encanta la idea de tener un pino hermoso y oloroso en mi terraza (es preferible que estén al aire libre o que les de mucho el sol) y más me gusta saber que luego de tener el gusto de tenerlo se va a ir a vivir y crecer en la tierra.
Los árboles que ofrecen son grandes, de 2.30 y 2.60 m de altura. Cuestan 800 y 1000 pesos. Puedes además pedir que te lo traigan y recojan por 200 pesos. Al final es una lanota... Pero si ya se van a gastar unos 500 en un árbol mutilado y en vías de ser cadáver, bien pueden intentar esta otra opción.
O no poner árbol y listo.


También aplica la adopción para perros que están en refugios o andan por la calle o se pierden o los echan de sus casas.


Algunas personas también optan por adoptar hijos en vez de tenerlos.

viernes, 28 de octubre de 2011

Agua

Ayer cociné mucho mucho mucho. No sé qué me dio por hacer todo lo que tenía de una vez, así luego sólo caliento comida. ¡Pero pasé toda la mañana en eso! Y me di cuenta de la mucha agua que se puede no tirar a la basura si organizamos bien la cocinada. Lo que hago es tener una cubetita en el lavabo y toda la fruta y verdura la lavo dejando que el agua se recolecte en la cubeta, pero claro, no uso jabón ni químicos para eso. También si enjuago un traste con restos no grasosos, cuando uso la licuadora enjuago y guardo el agua con comida. En fin, toda el agua que no haya pasado por grasa o jabón la voy juntando y luego la uso para regar las plantas. Creo que además les hace bien a las plantas porque es como composta molida que entra directo a su tierrita.

Mi Cora y yo ahorramos y reservamos, además procuramos gastar poca. Antes teníamos un toldo en la terraza y cuando llovía recuperábamos agua que se juntaba ahí en una gran tina. A veces hasta rellenamos nuestro tinaco con agua de lluvia... quizá por eso se nos cayó la piel a pedazos por ser lluvia ácida!! jajajajaj No es cierto.

Otra cosa que hacemos es tener dos cubetas en la regadera para que ahí caiga el agua mientras sale la caliente y toda la que no involucre jabón.

En lluvias tenemos tanta que hasta nos sobra, pues son épocas en las que no se riega tanto. Esos días la usamos para jalarle al baño.

Incluso el agua jabonosa de la lavadora puede usarse para jalarle al baño y el agua del enjuague (si no se usa suavizante) puede usarse para trapear o lavar los pisos.

Todo esto requiere tiempo y esfuerzo que nuestra vida "moderna y acelerada" no permite. Pero pienso que vale la pena organizarse un poco y hacer lo posible para no tirar al caño, que es lo mismo que tirar a la basura, agua limpia.

Me acuerdo que cuando era niña había la costumbre de lavarse los dientes con el grifo de la llave abierto ¿para qué? Ah pos pa cuando se ocupe... Y recuerdo al director de mi escuela de entonces llamando la atención sobre ese hecho. Desde entonces no lo hago así. ¿Cuánta gente lo seguirá haciendo?

El agua no se va a acabar, es un recurso renovable, lo que pasa es que a los intereses del capital conviene privatizarla y nos dicen que es muy cara etc. Lo que hay es mala, pésima planeación para el reciclaje, recuperación y tratamiento de aguas.

Todos los edificios y casas deberían tener techos que permitieran la recuperación de aguas pluviales y cisternas para guardarla.

¿Es necesario que usemos tanta agua para jalarle a nuestra mierda? ¿Qué tal un sistema de drenaje como el de los aviones que usa más aire que agua? ¿Qué tal si dejamos de jalarle a cada meado que hacemos y dejamos que se acumulen varias para entonces jalarle?

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Por algo pasan las cosas?

No encuentro frase más vacía de sentido que esta POR ALGO PASA o simplemente POR ALGO...
Yo sé que se usa de buena fe, que al decirla se busca dar una explicación, un abrazo, reconfortar. Pero... ¡no la soporto! no me dice nada, no me consuela y no me gusta.
No pretendo criticar a quienes la usan, de corazón, simplemente creo que es hueca y no ayuda.
Y ya.

viernes, 7 de octubre de 2011

Pa'lante


Han pasado 16 días desde que Bolita dejó de estar con nosotros. En sus 12 semanas de vida dentro de mí nos trajo mucho amor, felicidad y gusto, la gente que nos ama y amamos celebraba, hicimos planes, imaginamos juntos. Esa misma gente nos abrazó luego con sus palabras de aliento, su compañía, o con su silencio respetuoso, pero siempre presentes.
L@s amig@s son una red de apoyo solidario impresionante.

Fue un dolor muy intenso, sentí un vacío indescriptible, lloré y lloramos. Nos despedimos, agradecimos. Pusimos muchas flores, un pequeño altarcito, velas, muchos pensamientos.

Ha sido un tiempo muy intenso emocionalmente pero seguimos adelante, caminando con felicidad porque estamos vivos y sanos y nos amamos. Y llevamos a Bolita en nuestro corazón.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Duele pero se quita

Es inevitable que nos duela la vida, que nos duela la muerte.
Los ciclos implacables hacen su trabajo pero a veces pareciera que nos arrastran, como una ola violenta, que nos dejan convulsas y sin aire a la orilla de una playa nublada, fría, sola.
Parece un mal sueño pero es la vida lo que nos ocurre.
Una amiga que se llama María y sabe decir las cosas recién me dijo: “será que la vida, la muerte y todo lo que hay en el medio tienen sus propias reglas y sus propios misterios horrendos y hermosos.”
Y sí... Cuánto de lo hermoso y lo horroroso se articula todo el tiempo.
¿Por qué duele hasta los huesos?
Un giro inesperado, un revés a los planes y expectativas, una cubetada de agua helada a la alegría.
Quedar despojada de una historia que te contabas, emocionada, aterrada, dudando, convencida, eufórica.
Sentir tu cuerpo desconcertado, de un momento a otro vacío, sin palpitaciones, sin tanto calor...
Acomodarse poco a poco, llorar a gritos, extrañar muchísimo a bolita y estar muy triste, tristísima, sin aliento.
Respirar.
Serenarse.
Llorar de nuevo.
Despedirse.
Prender velas, poner flores, dedicar pensamientos, despedirse.
Llorar siempre.
Respirar siempre.
Recuperar el aliento.
Reír, agradecer, recuperarse, llenar los pulmones, los ojos, el corazón.
Recordar siempre.
Ahuyentar la tristeza, desechar la culpa, perdonarse, amar siempre.
Recordar reír, recordar el aliento, agradecer el amor, serenar el pecho, respirar siempre, amar fuerte, decirlo, llorar, soltar, respirar, reír, caminar despacio, sentir el sol, amar siempre.
Acariciar y abrazar y soltar.
Y ser paciente...

domingo, 11 de septiembre de 2011

Pesadilla de maltrato animal

Anoche estuve viendo un programa de Animal Planet que me gusta y me angustia horrible. Me angustia porque expone casos de maltrato animal, efectuados por el ser humano, muy extremos y crueles. Y me gusta porque son casos que casi siempre terminan bien.
Los gringos, una sociedad tan contradictoria entre sus cosas nefastas y las que son maravillosas, tienen un programa de protección animal muy desarrollado y humano, bien respaldado por leyes que en efecto aplican.
Por supuesto tienen amplio recurso económico que les permite desplegar personal, instalaciones e insumos para rescatar animales abandonados en viviendas, enjaulados, amarrados, no alimentados, en condiciones insalubres, asinados, robados de la vida salvaje, en fin.
Estuve soñando que rescataba perritos en la Ciudad de México, de esos que viven en patios o azoteas, amarrados, asoleados, mojados y mal comidos. No lo lograba, por eso fue pesadilla.
Gandhi dijo que "La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales", en ese sentido la grandeza de nuestra nación es pequeñísima.
Yo odio decir que mi país es chafa respecto a otras sociedades porque me parece una comparación snob y simplista. Pero debo decir que me impresionó, y sufrí de envidia malsana,
al ver cómo trataban a los perros en ciudades europeas. Allá pueden entrar a todas partes: tiendas, museos, galerías, transporte público, restaurantes. Y nadie pone cara de asco o miedo, los perros son compañeros de las personas no sólo en el espacio doméstico sino incluidos en la vida comunitaria.
Y en nuestro país siguen siendo un producto de consumo para muchas personas, hay quienes obtienen su dinero explotando la reproducción de hembras y machos de razas finas, perritos consagrados a la reproducción hasta que ya no sirvan y sean "sacrificados" ¿No fue ya un sacrificio su vida? Y luego para que otras personas los compren carísimos y al rato los echen a la calle porque dan lata, comen zapatos, cagan y mean y ladran y apestan y comen mucho y llenan de pelos y hay que dedicarles demasiado tiempo, y ya crecieron y ya no son tiernos como de cachorros... Y así, muchos terminarán engrosando las jaurías de perros de la calle, cruzándose sin control, hambrientos, atropellados, enfermos y despreciados.
¿Por que nuestra sociedad se lava las manos y no asume que todos esos perros son problema de todos? ¿Y yo por qué si somos 100 millones?
Por su parte, el Estado toma la grandiosa medida del exterminio: los capturan lazados del cuello y aventados a una camioneta que los lleva a la perrera donde serán puestos en un charco de agua al que se le acerca un cable de luz que los electrocutará lenta y dolorosamente.
¡Qué gran sociedad la nuestra!
¡Viva México!
(...)

Probando aplicación

Quiero ver cómo sale esta publicación hecha desde el teléfono.
Nada que decir. Disculpas por lo inútil de esta lectura.
1,2,3 probando

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pájaro siente que vienes

Qué ternura infinita me da ver un pajarito en la banqueta, de espaldas a mi, que cuando siente mi presencia pega un salto y vuela.


Aunque la foto es todo lo contrario...
¿Tienen espalda las aves?

lunes, 5 de septiembre de 2011

Ventanilla de quejas.

¿Con quién se queja una de esto?

Unos vecinos piden que les poden el árbol frente a su casa porque les está levantando su banquetita (pobre banqueta). Lo podan muchísimo, dejan un muñón de árbol. Lloro por él y me quejo ante la PAOT. Ellos me dicen que darán seguimiento ¿y lo hacen?. Cada tanto me dicen que si ratifico mi denuncia para que continúen, cada tanto digo que sí. En una de sus cartas afirman que vieron lo que yo denuncié, con esta peculiar descripción: "...observando en la vía pública que en el tramo que comprende las calles Mexicali y Alfonso Reyes se ubica un individuo arbóreo que fue severamente desmochado". Bueno, pues ya vieron que sí es cierto ¿y?.

Otra estampa: Los bancos, las filas en los bancos, esperas de más de media hora ¿por qué este tipo de empresas, que se supone dan un servicio a cambio de que los utilicemos para el manejo del dinero, no ofrecen nunca una atención eficiente? Siempre hay unas cuantas ventanillas abiertas y bastantes cerradas ¿no hay gente que quiera trabajar como cajero/a? ¿los bancos no los quieren contratar? ¿qué se ahorran dosificando así su atención?

Las citas con médicos: Pasa que nos llamaos pacientes ¿es por la cantidad infinita de paciencia que tenemos que tener cada vez que vamos a una cita médica? Parece que sí porque siempre hay que esperar.  ¿Por qué te dan una cita? los pacientes respetamos las citas porque así se supone que funcionamos mejor, ordenadamente, y porque sabemos que si llegamos tarde quizá ya no nos atiendan. Pero ellos no, sea porque se retrasan en consultas anteriores o porque no han llegado o porque no, el caso es que una espera y espera. Me parece que la profesión médica debería humanizarse más, muchos doctores y doctoras están ensoberbecidos y cobran mucho y encima cuando llegas a la cita le llaman para que vaya, no vaya a molestarse en esperarte a ti si llegas tarde, mejor tú esperas, por un servicio que estás pagando... y no necesariamente barato.

Los cortes a las vialidades por obras. El otro día por insurgentes, un domingo a las 10 de la noche, empezó a haber un tráfico insólito para esa hora y día. Cuando había pasado más de una hora y logramos avanzar cien metros nos dimos cuenta de que unos camiones y una grúa bloqueaban el camino. Nadie decía nada a la fila kilométrica de coches y automovilistas histéricos que pitaban inútilmente (aunque el pitido ¿cuándo es útil?). De pronto aparecieron unos policías y la gente comenzó a bajarse de sus coches para ver qué pasaba. La respuesta de esos ilustres trabajadores en pro del orden público fue que había que desviarse porque las obras estaban mal e Insurgentes iba a estar cerrado y ya. Los polis apelaban a su  inocencia "nos acaban de avisar, no es nuestra culpa" pero eso no evitó que algunas reinitas de polanco les insultaran. Yo asomé la cabeza por la ventana para decirles que eso no era hacer bien su trabajo que por qué no desviaban antes que, que, que... quizá dije groserías, quizá me grabaron y ya estoy en youtube, no sé, pero lo que coronó la escena fue la frase del policía: "por gente como usté estamos como estamos"... ah bueno.

¿Con quién se queja una de la injusta muerte de una compañera de trabajo? Compañera que en pleno proceso de dar vida muere en su parto... a estas alturas de la medicina ¿dónde estaba el Dr. House? Ah sí, no existe...

Yo digo que ya no esperemos en las consultas de los médicos, si no nos atienden puntualmente hay que irse y decir por qué. Ahora me dicen "pues acostúmbrate porque vas a ir muchas veces al médico y así va a ser, paciencia". De acuerdo, no hay por qué amargarse, pero yo, para no amargarme tengo que hacer algo más que esperar.

Hay que decirle al gerente del banco que por qué no hay más cajas abiertas si hay una fila enorme esperando ser atendida por dos personas.

Hay que impedir que se maltrate a nadie, hay que meterse, decir, gritar. Si roban a alguien frente a nosotros ¿por qué no hacemos un escándalo? ¿por miedo a que nos maten? chale... miedo, miedo estúpido, no hay que tener miedo y paralizarnos y dejar que nos pasen las cosas porque "así son".

Las cosas son como queremos y dejamos que sean... chale ya me puse demagoga? cambio y fuera.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Otras ideas sobre el nacimiento

Este video, dividido en cuatro, explica las atrocidades de las prácticas médicas tradicionales y las contrapone -vía un análisis científico- con los beneficios de una cosa muy simple: el contacto piel con piel en el primer momento de vida fuera del vientre materno.
También habla de cómo el bebé se alimentará de manera natural y respondiendo a su naturaleza animal-humana, y si se respetan esos tiempo el bebé se dedicará a crecer y no a sobrevivir.
Ventajas para bebés y mamás que parecen haberse olvidado gracias a los "avances" médicos...

También recomiendo mucho este blog de un médico argentino totalmente atípico en el que se pueden leer ideas y reflexiones interesantes sobre temas relacionados a este. Se llama Jorge Díaz Walker

Los videos:







jueves, 2 de junio de 2011

Árbol

Mi querida Lizette me mandó un lindo video que pongo acá, del tema del árbol. Gracias, es lindo, triste y feliz.
Oye L ¿por qué ya no puedo ver tu blog? Tampoco puedo ponerlo entre mi perrada.

martes, 24 de mayo de 2011

Crimen de lesa arboriedad

Hoy asesinaron un árbol frente a mis ojos atónitos y mi corazón apaleado.
Una enorme jacaranda, enorme, bellísima, frondosa, fuerte, imponente, como de 20 metros de altura, hoy es un tronco lleno de muñones de no más de 8 metros, reducida, mutilada, castigada por grande, porque sus raíces están levantando la banqueta, porque es peligrosa su altura, porque la reportaron...
Ese árbol era casa de muchísimos pajaritos e insectos.
Nos daba una sombra increíble.
Desde mi ventana veía su enorme copa, su verde, sus ramas pelonas y, lo mejor, sus flores moradas cuya belleza quita el aliento, arriba y en el piso, alfombrando el asfalto.
El aire que respiramos era mejor gracias a ella.



La ciudad necesita sus árboles: las personas, los animales, necesitamos a las plantas pero pareciera que vale más una banqueta, una coladera, un cable de luz...
¿Qué nos pasa a las personas si valoramos las cosas por encima de la VIDA vegetal y animal.
¿Peligro para los coches estacionados de que su pintura se lastime con una rama que cae movida por el viento?
¿Amenaza para el bolsillo de quien vive enfrente y tiene que arreglar su banqueta?
Las personas que viven frente a los árboles no tienen derechos sobre los ellos. La mayoría de las veces los árboles vivían ahí desde antes.
Hoy lloré muchísimo por la jacaranda, sintiendo su dolor, viendo con impotencia cómo lo mutilaban. No supe qué hacer en la mañana, ahora sé más, investigué, puse una denuncia en la PAOT y a ver qué pasa, de todas formas el árbol ya está reducido a un muñón de jacaranda...
También fui a abrazarlo y le dije cosas lindas...
Duelo hoy...





Así quedó esa belleza luego de su masacre...