domingo, 11 de septiembre de 2011

Pesadilla de maltrato animal

Anoche estuve viendo un programa de Animal Planet que me gusta y me angustia horrible. Me angustia porque expone casos de maltrato animal, efectuados por el ser humano, muy extremos y crueles. Y me gusta porque son casos que casi siempre terminan bien.
Los gringos, una sociedad tan contradictoria entre sus cosas nefastas y las que son maravillosas, tienen un programa de protección animal muy desarrollado y humano, bien respaldado por leyes que en efecto aplican.
Por supuesto tienen amplio recurso económico que les permite desplegar personal, instalaciones e insumos para rescatar animales abandonados en viviendas, enjaulados, amarrados, no alimentados, en condiciones insalubres, asinados, robados de la vida salvaje, en fin.
Estuve soñando que rescataba perritos en la Ciudad de México, de esos que viven en patios o azoteas, amarrados, asoleados, mojados y mal comidos. No lo lograba, por eso fue pesadilla.
Gandhi dijo que "La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales", en ese sentido la grandeza de nuestra nación es pequeñísima.
Yo odio decir que mi país es chafa respecto a otras sociedades porque me parece una comparación snob y simplista. Pero debo decir que me impresionó, y sufrí de envidia malsana,
al ver cómo trataban a los perros en ciudades europeas. Allá pueden entrar a todas partes: tiendas, museos, galerías, transporte público, restaurantes. Y nadie pone cara de asco o miedo, los perros son compañeros de las personas no sólo en el espacio doméstico sino incluidos en la vida comunitaria.
Y en nuestro país siguen siendo un producto de consumo para muchas personas, hay quienes obtienen su dinero explotando la reproducción de hembras y machos de razas finas, perritos consagrados a la reproducción hasta que ya no sirvan y sean "sacrificados" ¿No fue ya un sacrificio su vida? Y luego para que otras personas los compren carísimos y al rato los echen a la calle porque dan lata, comen zapatos, cagan y mean y ladran y apestan y comen mucho y llenan de pelos y hay que dedicarles demasiado tiempo, y ya crecieron y ya no son tiernos como de cachorros... Y así, muchos terminarán engrosando las jaurías de perros de la calle, cruzándose sin control, hambrientos, atropellados, enfermos y despreciados.
¿Por que nuestra sociedad se lava las manos y no asume que todos esos perros son problema de todos? ¿Y yo por qué si somos 100 millones?
Por su parte, el Estado toma la grandiosa medida del exterminio: los capturan lazados del cuello y aventados a una camioneta que los lleva a la perrera donde serán puestos en un charco de agua al que se le acerca un cable de luz que los electrocutará lenta y dolorosamente.
¡Qué gran sociedad la nuestra!
¡Viva México!
(...)